Primeras impresiones

Bien dicen que las primeras impresiones son difíciles de borrar. Ya sea que la imagen y juicio quede indeleble en el receptor o que se juzgue en el momento lo que será en el futuro, nos apresuramos a sacar conclusiones de un pequeño puñado de datos que pudieran ser o no correctos. Lo hacemos todo el tiempo, sea en el ámbito profesional o personal, incluso sin conocer a quien estamos juzgando. Cambiarlas depende más del impresionado que del sujeto juzgado pues muchas veces preferimos mantener nuestra decisión que cambiarla.

La Fórmula Uno nos dejó ya una primera impresión de la temporada 2017. Cuatro días en Barcelona bastaron para generar un juicio de lo que nos espera, en su mayoría, durante la campaña en la que muchos esperamos que se termine el dominio mono marca que lleva ostentando tres años el equipo alemán de Mercedes Benz.

Los autos en sí, son más rápidos, eso no hay duda pues el reloj no miente y el tiempo de Valtteri Bottas estuvo dos segundos por debajo de la posición de privilegio obtenida por Hamilton en 2016, faltando aún bastante desarrollo al auto antes de que regresen en mayo para condiciones exactamente iguales. Más velocidad augura más entusiasmo y si la punta del campeonato puede ser disputada por varios equipos como en antaño podríamos pensar que la F1 debe tener de regreso las emociones que han faltado en las últimas temporadas.

Si los autos son rápidos, se debe en gran medida al trabajo de Pirelli que ha hecho en dos puntos vitales: durabilidad y velocidad. Los nuevos neumáticos no sólo tuvieron un cambio estético, sino que los italianos lograron entregar llantas que tardan más en degradarse y que su caída es menor, por lo que los pilotos pueden alargar un mejor rendimiento. Además, simplemente son llantas más veloces que ayudan a los tiempos en pista. Con una gama de cinco compuestos como en 2016, las escuderías tendrán de donde echar mano cuando de creatividad se trate para las estrategias, aunque la impresión es que serán muchos eventos en los que sea una sola.

Parece que los teutones saben que es un año en el que su ventaja puede desaparecer con la reescritura de reglas e inmediatamente salieron a probar todo lo posible en pista logrando el mejor tiempo de las pruebas y la mayor cantidad de kilómetros recorridos, superando a los que aparentan ser sus principales rivales, Scuderia Ferrari y Red Bull Racing.

Los italianos de Ferrari se alejaron la mayor parte del tiempo de los compuestos suaves y fueron los reyes en el cronometraje de compuestos suaves a duros, imponiendo tiempos cercanos los de las flechas plateadas, pero sin la necesidad de utilizar el ultra suave con que Bottas marcó el mejor tiempo de la prueba. Por su parte, los austríacos de Red Bull tuvieron problemas y no pudieron girar tanto como lo hubieran querido además de que parecían guardar sus cartas, como si supieran que la ventaja de tener a Newey diseñando fuera suficiente para perder tiempo en pista.

En resumen, los tres equipos dejaron la impresión de saber que 2017 será un año disputado entre ellos, por lo que es momento de aprovechar al máximo los días de pista en que las simulaciones quedan totalmente de lado y se puede saber si han acertado o no en algún componente.

Atrás, la impresión negativa la dio McLaren que no mostró confiabilidad ni velocidad en lo que podría ser el último año de Alonso, al menos en Woking. Tercer año de la relación Honda-McLaren y la impresión es que no han podido reconectarse por la falta de confiabilidad y poder de los nipones pero también por la crisis que sigue atravesando el equipo inglés aunque ya no sea dirigido por Ron Dennis. El desastre en el que los metió Whitmarsh sigue vigente en Woking y parece que este año no terminará.

Finalmente, la impresión más indeleble es la dejada por el novato Stroll de Williams. 110 giros en dos días, tres incidentes y uno lo suficientemente severo para que su equipo decidiera no participar en el cuarto día de pruebas perdiendo valioso tiempo de pista. Un joven que llega directo de la F3 Europea, con 18 años de edad y casi nula experiencia. Similar a cómo llego en 2015 el hoy joven maravilla, Max Verstappen, Stroll intentó demostrar que los de Grove no se equivocaban al elegirlo y que no sólo el dinero lo había llevado a ser elegido como piloto titular. La impresión es que le quedó grande el asiento y eso es un estigma difícil de quitar. Muy difícil porque el día miércoles que los ojos del mundo estaban sobre él, falló. Y el jueves que esperaban ver como respondería al fallo, dio 98 giros antes de dañar el auto nuevamente y, además, impedir que Williams participara en las pruebas el día viernes. Veremos cómo se levanta, pero por lo pronto, el canadiense Stroll dejó en Barcelona su primera impresión en la F1.

© CAJR / 2017

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