¿El día que la sonrisa murió?

El 3 de febrero de 1959 quedó inmortalizado por el avionazo que cobró la vida de Buddy Holly, Ritchie Valens y J.P. Richardson. Posteriormente, Don McLean, bautizó el evento como “El día que la música murió” en su famosa canción “American Pie”. El mensaje era claro, igual que el mandado por Daniel Ricciardo al finalizar el GP de Mónaco tras el craso error de su equipo que lo hizo terminar segundo tras un gran manejo para obtener la posición de privilegio, su primera en la F1, y controlar la carrera en el trazado monegasco hasta esa parada en fosos.

El podio y las entrevistas fueron un infierno para el sonriente australiano que no terminaba de digerir lo sucedido y quien inmediatamente acumuló la segunda falla de su equipo que le costaron posibles victorias consecutivas en la presente temporada pero, sobre todo, una en Mónaco donde casi cualquier piloto soñaría con terminar en lo más alto del podio. Sin ánimo, sin victoria y con un futuro incierto acerca de lo que podrían significar los dos fallos consecutivos de su equipo en su contra, el australiano se quedó sin sonrisa.

¿Y cómo no? La llegada de Verstappen colocó a Ricciardo como un posible Webber, como un piloto al cual podrían no darle más apoyo del necesario con tal de que el forjado de la nueva súper estrella de Red Bull se completara y así, finalmente, encontrar el sustituto de Vettel que tanto habían buscado desde que el alemán logró sus primeros títulos en la F1. En España la decisión fue a favor del tulipán y en Mónaco fue en contra de Ricciardo aún si no competía Max por el mismo puesto. Si nos fijamos bien, la actitud del australiano era una meditabunda, no de enojo, tras la debacle en Montecarlo.

El negocio de la Fórmula Uno es cruel y quizá la sonrisa se borró al percatarse que no será tratado de igual manera que Verstappen, aun cuando no estén compitiendo directamente. Esta historia no es nueva, lo vimos en una situación más extraña cuando Eddie Irvine perdió el Campeonato Mundial en 1999 tras una parada desastrosa en fosos en el GP de Europa.

¿Será el 29 de mayo de 2016 el día que la sonrisa murió? O por el contrario, ¿renacerá en el Circuito Gilles Villeneuve este fin de semana para mostrarse como en 2014? Esperemos sea la segunda ya que el talento inmenso que el Tejón Mielero (“Honey Badger” es el apodo de Ricciardo) posee merece ser recompensado nuevamente.

© CAJR / 2016

 

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